¿Cuánto hay en tu vida habitual de tu verdad?
¿Cuánto hay en tu vida habitual de tu verdad?
Esa pregunta me atravesó como una flecha directa al centro. Porque si me detengo un segundo a pensar, cuántas veces hago cosas por costumbre, por compromiso, por no quedar mal, por cumplir con una imagen que ni siquiera sé si me pertenece. Cuántas veces sonrío sin sentir alegría, digo “sí” cuando en realidad quería decir “no”, o sigo caminos que no me representan solo porque “así se hace”.
Vivimos muchas veces en piloto automático, repitiendo rutinas que ya no nos hacen bien, sosteniendo vínculos, trabajos o modos de ser que solo buscan aprobación. Y entonces, ¿dónde queda nuestra verdad? ¿En qué momento nos empezamos a traicionar por miedo a no encajar, a no gustar, a no ser suficientes?
Hay algo profundamente liberador en volver a preguntarnos si lo que estamos haciendo está en coherencia con lo que somos. Si lo que decimos, elegimos o compartimos realmente nos habita. Porque cuando lo que hacemos deja de tener raíz en nuestra verdad, nos vaciamos. Nos convertimos en personajes de una historia ajena.
Y quizás el primer aplauso que necesitamos no es el de los demás, sino el propio. Ese que viene cuando nos animamos a ser honestos con nosotros mismos. Cuando hacemos algo, aunque sea pequeño, pero verdadero. Cuando nos elegimos, aunque incomode.
Porque al final, la vida se siente distinta cuando la verdad propia la habita. Todo tiene otro pulso, otro brillo, otra paz. Y capaz ahí está el sentido: dejar de buscar tanto afuera y empezar a habitar-nos más adentro.
¿Y vos? ¿Cuánto de tu verdad estás viviendo hoy?

Comentarios
Publicar un comentario