Quién es Flor Bracco?

 



Soy Flor Bracco, y este blog nació para eso: para contar historias que nacen desde algún rincón profundo del cuerpo.

Para poner en palabras esos momentos en los que algo me late distinto, cuando una escena, un pensamiento o una emoción me agarra del pecho y me dice: “escribime”. Y hoy lo que me agarra es la trama vincular, ese tejido invisible que nos atraviesa incluso cuando creemos que ya lo entendimos todo.


Hace mucho tiempo que cargo con una sensación que aparece cada vez que me miro desde afuera. A veces parezco —o me leen— como una mujer excesivamente empoderada: la que va para adelante, la que crea, la que lucha, la que construye un camino propio incluso cuando duele, la que pelea por sus convicciones y por las de otras, la que sostiene causas, talleres, activismo, proyectos, voces. La que convierte su oficio en vocación porque ya no se trata del dinero, sino de crear valor, sentido, avance, evolución. Y sí, todo eso soy. Soy la fuerza del Tarot encarnada, la mujer que se reinventa y se elige a sí misma una y otra vez.


Pero también soy otra cosa. O mejor dicho: soy mucho más común de lo que muchas personas creen cuando ven esa máscara de poder que a veces llevo puesta para habitar el mundo.

En este instante, por ejemplo, escribo tirada en la cama, con una remera random, una sábana y un poco de ropa tirada por ahí porque no tuve energía para ordenar. Dejé los platos sin lavar porque son las tres y pico de la mañana y vengo del torbellino de actividades del día —activismo, emoción, cansancio, adrenalina— y todavía necesito decir algo más antes de dormir. No soy inalcanzable. No soy un estándar imposible. Soy una mujer común haciendo lo mejor que puede con lo que tiene. Porque si algo tengo claro es que no tengo resuelto ni el 50% de mi vida, pero la vivo.


Y en lo íntimo, detrás del micrófono, de la oratoria, de la astrología, del tarot, de los talleres, de esa “voz fuerte”, me tiembla todo el cuerpo, como cuando canto, me siento desnuda a la vida. El corazón se me acelera, la vulnerabilidad se me desborda, las cosas me conmueven como a cualquiera que todavía conserva un mínimo de empatía viva. Yo también me rompo, también me canso, también me dan miedo algunas decisiones. Y aún así, sigo.


Porque al final, lo que necesito para existir es poco:

a mí misma, mis amistades, mi familia, mis gatos — que son mis hijos— y, cuando la vida quiera, el compañero que camine a mi lado. Nada más. Nada extraordinario. Nada épico.


Y eso es lo que quiero que se lea hoy:

que puedo brillar y a la vez ser sencilla; que puedo crear mundos y a la vez ser simple; que puedo caminar los barrios más lujosos o los lugares más inhóspitos o más humildes y diversos, y seguir siendo exactamente la misma.


En todos lados soy yo.

Sin disfraces, sin grandezas impostadas, sin exigencias ajenas.

Yo, completa y humana. Al final del día no soy más que un corazón con ganas de amar, de abrazar y de sentir el calor de la sana compañía... Y quizás sea como dije cuando tenía 13 años y escribía, que en la soledad no se encuentra más que lo que se lleva en ella: a uno/a mismo/a. Y yo soy ésto... Esa mezcla rara de especias que me dan un sabor único e irrepetible, pero no imposible.

Gracias por leerme y ojalá algunas de mis palabras resuenen en tu vida también como laten en mi corazón ❤️ 


Pd: si la foto es de ahora en la cama con esa remera, las sabanas y mil almohadas que me gusta tener y la luz tenue que aprendí a usar para bajar las revoluciones, aunque no se que tanto efecto hacen en este cuerpo "adrenalinico" 😆.

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