Sagitario no cree: sabe. O la verdad como experiencia vivida

Sagitario no acepta verdades heredadas. Las pone en crisis. Las prueba. Las discute. Las vive en carne propia. Y recién entonces —después del caos, del error, del derrumbe— aparece algo que ya no necesita ser defendido, porque se sabe desde adentro. La flecha no siempre ve el blanco, pero confía en el impulso que la lanza. Durante mucho tiempo sentí que había un núcleo sagitariano en mí, aun sin poder explicarlo del todo. Fue recién casi al final de mi formación como astróloga que descubrí que tengo a Júpiter en casa 1, en Acuario. Hasta ese momento yo creía que mi carta era otra. No tan distinta, pero lo suficiente como para que algo no terminara de encajar. Y sin embargo, la sensación siempre estuvo: la búsqueda de sentido, la necesidad de verdad, la incomodidad frente a lo falso, lo impuesto, lo que no vibra auténtico. La paradoja —tan jupiteriana— es que llegué a ese dato buscando mi partida de nacimiento para tramitar una ciudadanía italiana que finalmente no se pudo realizar por cuestiones burocráticas. Viajes, extranjero, papeles, leyes, casa 9 activada por completo… y aun así, el verdadero viaje no era geográfico, sino identitario. No era hacia otro país, sino hacia una comprensión más profunda de quién soy. Ese Júpiter en casa 1 habla de una identidad que se expande buscando sentido. Y al estar en Acuario, esa expansión no puede ser convencional: necesita ser propia, disruptiva, auténtica, incluso incómoda. Una verdad que no se parece a la de nadie más. Una ética personal construida desde la experiencia, no desde la obediencia. Y ademas hace un mes aproximadamente, tuve una sesión hermosa con una colega, en ma cual me contó sobre mi carta dacronica, de otras vidas, y la de diseño humano, dónde soy Ascendente Sagitario por signo y por Júpiter en 1 bien en la cúspide (inicio) de la casa. O sea, hay algo que viene sin dudas desde hace mucho con respecto a este modo y movimiento que propone lo sagitariano. Y como si eso fuera poco, mi Sol está en conjunción con Plutón. Hay algo profundamente escorpiano en mi manera de vivir la vida: no esquivo el dolor, lo atravieso. No le temo a la sombra, la investigo. Porque sé —con el cuerpo, no con la teoría— que del dolor siempre emerge un aprendizaje. Que el dolor, cuando es elaborado, genera valor. Da fuerza. Da profundidad. Da creatividad. Expande la vida, aunque en el momento parezca que la reduce. Entrando en temporada de Sagitario, me encuentro —una vez más— buscando verdades, encontrandolas y enfrentándome a realidades con una valentía casi estoica. Sin cobardía. Mirando patrones muy arraigados. Reconociendo límites. Entendiendo cuáles son los bordes que nadie más puede volver a cruzar sobre mí. Y eso también es Júpiter: saber hasta dónde dar, hasta dónde sostener, hasta dónde decir basta. Si le sumamos mi Ascendente Capricornio listo, tenemos una ecuación inequivoca. Hoy no fue uno de mis mejores días. Lo dije en un posteo y es verdad. El ánimo a veces no acompaña. Pero hay algo que ya aprendí: que incluso los días grises están expandiendo mi mundo, mi creatividad y mis posibilidades. Que aun cuando me siento limitada, algo en mí sigue creciendo. Y esa elaboración no es casual: es el resultado de un año entero de conciencia, de trabajo interno, de síntesis. Júpiter, en el sistema solar, es el gran protector. Su enorme masa atrae y contiene meteoritos que podrían impactar en la Tierra. Tiene espalda. Tolera. Aguanta. Sostiene. Y pienso mucho en eso como símbolo: en cómo algunas personas, por configuración y por destino, cargamos más de lo que parece, no por martirio, sino porque de ahí nace una visión más amplia de la vida. La astrología, cuando se la vive así, deja de ser predicción y se vuelve lenguaje del alma. Un sistema simbólico que permite comprender la vida con otro sentido. Y si hay algo que amo profundamente, es darle sentido a todo. Hacer síntesis. Encontrar coherencia incluso en el caos. Tal vez Sagitario sea eso: no el que tiene todas las respuestas, sino el que se anima a vivir las preguntas hasta que, un día, dejan de doler y empiezan a iluminar. Y como diría Jung, quizás no se trate de creer. Quizás se trate, simplemente, de saber. Gracias @astropibas_ por tu texto que me inspiró a escribir ésta entrada en mi blog.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Crónica de mi primer amor

La historia que mi piel empezó a contar...

La relatividad del tiempo