La relatividad del tiempo
“El tiempo es muy lento para los que esperan, muy rápido para los que temen, muy largo para los que sufren, muy corto para los que gozan; pero para quienes aman, el tiempo es eternidad”. Esta frase siempre me deja una sensación extraña, como si dijera algo que ya sabemos pero que rara vez nos detenemos a mirar de verdad. Porque no está hablando del tiempo como reloj, como calendario o como productividad. Está hablando del tiempo vivido. Del tiempo sentido. Del tiempo que se nos encarna. Y ahí aparece algo que me resulta fascinante: la humanidad necesitó a Einstein, a la teoría de la relatividad, a ecuaciones complejas, para aceptar que el tiempo no es absoluto… cuando en la experiencia cotidiana eso fue siempre evidente. No hacía falta un laboratorio para saber que un minuto esperando una respuesta puede durar una eternidad, y que una noche de amor o de goce puede desaparecer en un parpadeo. El cuerpo, la emoción y la conciencia lo supieron mucho antes que la ciencia. Quizás el pr...